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CUADERNOS DE VIAJE

Escribir es palpar la soledad del viaje y del propio viajero

Te doy las gracias por compartir este trecho del camino...

  • July 21 3:04:26 AM
    De La Luz... Precioso álbum, espero que sea obra tulla.
  • July 18 7:04:52 PM
    YA VOLVÍ, HAN SIDO UNOS DIAS DE RELAX, MUY APROVECHADOS CLARO,
    ASI QUE CUANDO QUIERAS PASAS A VER LAS FOTOGRAFIAS.
     
    QUE TENGAS UN FELIZ FINDE Y SI CELEBRAS LAS FIESTAS DEL CARMEN,
    QUE LO DISFRUTES, APROVECHA EL VERANITO.
     
    UN BESAZO
  • July 05 2:21:33 AM
    Feliz fin de semana
     
    Un besin
  • July 03 12:56:44 PM
     Desde Los Lobos Vigilantes, nuestra enhorabuena puesto que la literatura que expresas tiene un nivel altísimo que muchos quisieran.La sensibilidad que desgranas, la perfección en la situacción nos ha motivado para seguir leyendo. ¿Por qué no te lanzas a publicar algo? eres una de las voces literarias a tener en cuenta en este país, sólo deberías animarte. Nosotros somos un grupo de trabajadores de la seguridad que velamos por que la inocencia siga siendo algo bonito, por que la justicia siga siendo algo a conseguir, luchando por ello. Contra la represión, contra el capital, contra los delitos, los pederastas, los maltratadores, los violadores, los empresarios sin escrupulos.los gobiernos alejados de los ciudadanos, los poderosos... Siempre alertas, siempre vigilantes: Siempre LOBOS VIGILANTES
  • July 02 12:14:12 AM
    disculpa que se fué el dedo al INTRO antes de tiempo.
    deseaba expresarte que recorriendo tus entradas se han despertado en mí sentimientos y estados de ánimo muy diversos.
    Quería darte las gracias por compartir con los demás tanta belleza.
    Un saludo.
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July 23

Tratados de desamor

 
          Nada que dar
 
 
         "Sé que moriré si no me voy de su lado, si no me aparto de su camino.
 

Yo lo acaricio con ternura en un último acto de esperanza y él huye como si me abandonara hacia espacios infinitos que no conozco. Hay tanto de él que no sé, tantas cosas que no me dice, que mis ojos se cansan de buscar las palabras oportunas en mitad de esta incertidumbre y a la vez certidumbre que nos separa. Sus muros son tan altos y fuertes que desistí de atravesarlos y construí los míos para tratarlo con indiferencia, para que sus ojos carentes de emoción alguna no me hicieran daño. Estos muros de piel me protegen de él en cierta forma, y me encierran cada vez más en mi lejano mundo secreto que no conoce.

No me dejó la llave de su corazón, como le pedí, sólo me abrió la puerta de su frío interior, de este frío temible que paraliza por momentos los latidos de mi vida. Quizá soy la que menos merece este trato cruel, pero eso no importa. A sus ojos las cosas son diferentes. No hay nada a este lado del muro, no hay existencia más allá de sus propios designios, de su propia vanidad. No entiende la música que habita mi espíritu, ni el sonido ahogado de las cuerdas vocales de mi tristeza intentando fundir amorosamente ese hielo azul que protege su corazón. Nunca quiso entenderme en todo este tiempo y duele aceptar que siga siendo así.

Ni siquiera cuando lo desnudo labio a labio con las manos, apenas rozando su piel y busco encajar mi cuerpo en el suyo, está a mi lado. Vuela lejos, como las aves migratorias, y no puedo alcanzarlo. De nada sirven mi boca en su boca, ni el vaivén, ni mi calor sobre la piel de su pecho. Su cuerpo es inmutable como una máquina cruel diseñada para matar corazones enfrentándoles a su vacío; no es más que un rudo autómata  envuelto en la pasión humana.  Su lado más oscuro tiene un brillo sutil de mentiras y secretos que no he descifrado aún a pesar de que me rompen lentamente en mil pedazos. Y no hablo. Callo, deliberadamente, dejándome llevar en este frenesí que no tiene una estación esperando para bajar, ni un destino cierto que seguir más que el de la propia extinción de la combustión del deseo.

 La piedra –pienso-  es infranqueable. Él cerró sus puertas hace tiempo, y yo quedé al otro lado, esperando no sé qué resquicio imposible por donde mi calor pueda atravesar su fortaleza pétrea. Pero ya he desistido, este es el último estertor de esta fiebre.

Y esta noche, después de despedirnos, volverá a casa como siempre. Sin ser de nadie. Porque la piedra no sabe dar, no tiene nada que dar."

 

 

Agujeros negros

 

“Ojalá y tuviera más para darte, pero se me ha agotado todo. No queda nada en mí. Es la época de la muerte para dar paso a una nueva vida. Todo debe morir para renovarse, en un ciclo eterno. Ya no me valen tus sonrisas, ni tus gestos, ni tus ojos enigmáticos y eléctricos mirándome. Se me queda corto el cuerpo para demostrar, y no sé ir más allá. Aún tengo el espíritu formándose, es de un uso efímero y todavía no ha aprendido bien a volar. Ni siquiera me pertenece del todo, así que no puedo pedirle que te diga que te amo, porque ni yo mismo lo sé.

El vacío ha llegado sin darme cuenta. Sigiloso y nocturno, ha ido corroyendo tu recuerdo, lo poco que tenía de ti; ha sido despacio, tan despacio como se amarillea una foto antigua, sin saber qué día comenzó o en qué momento terminó, pero que le da un aspecto ajado y roto. El amor es efímero, es arena entre los dedos. La intentas atesorar, que no se escape, pero no sabes bien por dónde comienza a filtrarse, a escurrirse, hasta que te miras la mano y la ves vacía, sólo queda el rastro dorado y grumoso que indica que una vez hubo arena ahí.

El cielo sabe que no puedo explicarte lo que siento. No te has ido tú, me he ido yo. Cada vez más lejos, cada vez más lejos, hasta verte como un punto mínimo del espacio. Es lo que tiene la lejanía. Ves a las cosas cada vez más insignificantes, tremendamente parecidas a otras que ya conoces. Y dejas de darle importancia. No importa si una estrella no brilla una noche, si desaparece, hay millones de otras estrellas que hacen que la noche brille. Pero tú no entiendes esto. Yo tampoco.  Sé que ocurre. Lo que antes parecía inmenso ahora es una pequeña gota en el mar. Aquella estrella tan importante, ahora es un agujero negro en el cielo.”

 

Mayo-Junio-Julio 2008. 

 

July 18

El destino

 
"Caminaban los dos juntos por la ladera del volcán del destino.
 
--Pequeña mariquita mía, el mundo gira por sí mismo en un movimiento cambiante y veloz. Para conseguir la paz interior debes contrarrestar ese movimiento con tu no acción, tu no intervención. Tu intervención no será una intervención como tal, el destino hará lo que precise hacer y cuando necesite hacerlo. Aunque intervengas, el destino será quien decida. Debes dejar que todo siga su curso. La contemplación del movimiento es lo que le da valor a tal movimiento.
 

--Maestro de los ojos serenos, si yo no intervengo en el movimiento, lo que se mueva será para mí un objeto no amado y no me implicaré en su movimiento. Quien quiere demostrar amor, lo demuestra ocupándose en el objeto de su amor. Con el pensamiento y con las manos, poniéndolos a su servicio, en un equilibrio perfecto de acción y quietud. El dragón inmóvil en aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos, pero si se mueve es un gran cazador.

 

Y por primera vez el maestro quedó sin palabras."
 
 
Julio 2008.
July 15

Luna de invierno

 
DSC01111
 
 
 
 
"No entendí tu soledad
hasta que me dolió"
 
 
Julio 2008
July 13

El fin de una era o porqué se extinguieron los dinosaurios

 
 
"--Tenemos que hablar  - me dijo-.
 

                Cuando una mujer dice que quiere hablar contigo, amigo mío, o se trata de que desea comprar algo muy caro con tu dinero o de que te va a dar el finiquito sentimental,  y, como ella tenía sus propios ingresos y no compartíamos nada en común relacionado con la economía y no había nada tampoco sobre lo que debiéramos hablar, comprendí enseguida la gravedad de la situación. Después tendría el infinito gusto de comprobar la exactitud de mi intuición.

-- Mira, lo que sentía por ti se ha acabado. No sé cómo ni por qué ha sido, pero se ha acabado. Como vino se fue. Ojalá y tuviera una explicación mejor para darte. Los sentimientos son frágiles y no somos dueños de ellos. Se acabó.

                Así, tajante, sin anestesia y con palabras románticas que a mí me sonaban a chino mandarín. Tragué saliva y no daba crédito a lo que oía. Hacía un par de semanas, antes de irme a Timor Oriental de vacaciones con un amigo, ella parecía estar bien. Bueno, a decir verdad, cuando volví estaba un pelín enfadada porque no le dije nada, no llamé durante quince días y no la llevé conmigo. Pero nada grave. Además, debería estar agradecida que hubiese vuelto sano y salvo después de un viaje tan largo.

-- Me pareces una criatura maravillosa, y podemos seguir siendo amigos.

-- ¿Seguir siendo amigos? ¿Eso significaría que no tendríamos sexo? - acerté a balbucear.

                Si las miradas mataran, yo habría muerto esa misma tarde en aquel café. “Hombre asesinado por mirada femenina”, hubieran titulado los periódicos locales. Respiró hondo y pensé que me abofetearía sin motivo alguno. Sin embargo, las clases de yoga a las que ella asistía eran fabulosas. Volvió a hablar serenamente como siempre.

-- Ya sabes que puedes seguir contando conmigo para lo que te haga falta. Soy una buena amiga y soy leal. Eso sí, me gustaría que en un tiempo no nos viéramos.

-- ¿Entonces de sexo nada? Podríamos ser amigos con derecho a roce… y si no, podrías organizarme una cita a ciegas con esa amiga tuya pelirroja con ojos verdes con la que estuve charlando aquel día que tú no pudiste salir porque terminaste tarde de la oficina…- propuse.

                Me miró fijamente y calibró, desde su punto de vista femenino, mi inteligencia. Hice mi mejor pose. Creo que gané puntos en su último examen.

-- Bien, me marcho. Ya sabes, cuídate mucho. - y diciendo esto pagó la cuenta y se levantó. Vi como se marchaba caminando mientras me terminaba mi cerveza.

 

Yo me quedé pensando largo rato en su precioso culo."

 

Julio 2008.

July 08

El lado de las piedras en el río

 
          "Tengo miedo. Simplemente un miedo atroz. Yo no sé amar. No entiendo tus juegos, no entiendo por qué quieres cuidar de mí, por qué quieres condenarte a una vida a mi lado. ¿Por qué renuncias a tu libertad si la puedes usar de mil formas distintas? ¿Por qué me la das a mí? ¿Esperas acaso que yo te responda en igual manera? ¿Esperas que me vuelva dócil y manso en tus manos? ¿O tal vez que sea cariñoso y dulce y renuncie a mi naturaleza?

Quieres encerrar mis alas en una burbuja de vidrio, quieres que rompa mis sueños para seguirte… no, amor, mejor huir ahora que aún tenemos libre el corazón. ¿Por qué castigarnos los dos a una soledad de cadenas? ¿Por qué condenarnos a este vuelo frágil que se romperá algún día y nos hará pedazos? No, jamás. Nunca. ¿Me oyes? Nunca. No a ese precio. Yo no quiero dejar de ser yo. No quiero que elijas mi champú, como dice Sabina. Ni que yo regrese a casa y tú estés deseando que me marche de nuevo. ¿Recuerdas a Joy Division? La canción más bonita del mundo… el amor nos despedazará de nuevo. Sí, así, sin más. Nos romperá a trocitos minúsculos, disolviéndonos como partículas de arena en el desierto. Tú querrás más de mí, querrás más amor, más cariño y yo no podré darte más de lo que sé dar. Un día contrastarás tu balanza y descubrirás que yo te he dado demasiado poco. Y entonces sentirás rencor hacia mí porque no he sabido darte lo que esperabas. El dolor te brotará de los labios como una rosa negra y te envenenará. Me mirarás con rencor el resto de tu vida por hacerte esto. Vete… quiero que te marches o me marcharé yo. Aún podemos huir. Aún no es tarde para renunciar.

¿No te das cuenta? Esto es una trampa mortal. Si yo no te doy lo que quieres, si no te respondo en igual medida, serás infeliz. Poderosamente infeliz. Tu amor no es más que un reflejo de tu egoísmo: esperas que yo te corresponda en igual medida. Que esté a tu lado. Que te ame como tú me amas. Pero no, amor, somos aquello que amamos. Y yo me amo a mí mismo en un egoísmo sin límites conocidos. Soy aquello que amo. Y me amo sobre todas las cosas, y te amo sobre todas las cosas porque no quiero que sufras. No quiero que sufras mi frío, ni mis ataques de soledad, ni las palabras hirientes cuando me estorbes. Digo un no rotundo a que tengas que coser mis vaqueros desgastados o los agujeros negros de mi propia alma. No quiero que cargues con mis maletas, ni que me las dejes en el rellano de la escalera porque te sientas sola. ¿Qué pasará cuando mi pasión no sea la que esperas? Te romperé en pedazos y esos pedazos minúsculos de ti se quebrarán cada día  más ante el espejo cuando te mires por las mañanas. Y te verás rota. Una vida rota, unos sueños rotos. Y llorarás por las noches porque yo no estoy contigo aunque esté a tu lado. O porque sencillamente me haya ido a vivir en otros mundos porque esté cansado de ti.

Sí, amor, no te das cuenta de lo que me pides. Ni eres consciente del dolor que podemos causarnos, ni de la indiferencia que llegará inevitablemente a nuestras vidas cuando te hayas hartado de mí y yo de ti. Entonces… ¿qué haremos con esos pedazos tan grandes que compartimos? ¿Seguiremos unidos por esas cadenas invisibles que tú pretendes forjar en estas palabras? Sí, amor, todo es mentira. Un engaño. El amor no es más que dos personas que quieren dejarse engañar. Tal vez el engaño dure toda la vida. ¿Qué pasará cuando nos demos cuenta que hemos apostado al caballo equivocado? ¿Qué pasará cuando se evaporen las mariposas en el estómago? Dime… ¿me seguirás amando cuando descubras que soy de barro e imperfecto? ¿Avanzarás junto a mí si crecemos los dos juntos? Ojalá y yo pudiera decirte que sí a todas esas preguntas. Ojalá y todo fuesen afirmaciones. Pero no lo son y ni siquiera tú sabes qué pasará, o sí lo sabes y callas. Ojalá y abriésemos el corazón como yo lo estoy haciendo ahora cada vez que hablásemos los dos. Pero no, ya sabes que mi corazón está cerrado, cerrado e inalcanzable como una estrella. Todo sería sencillo si dijera que me comprometo a cuidar de ti, a hacer que todo funcione, que todo marche bien para siempre. Pero te estaría mintiendo. O tal vez no. Tal vez sería tan cabezota que seguiría hasta el final. Hasta que acabemos viejos y rotos como juguetes de niños pequeños.

Tal vez lo que cuenta es el presente y lo feliz que soy contigo sin preguntar nada. Tal vez es la hora de huir. O de quedarse. O de besarnos.

Pero nunca supe dejarme llevar. Tú ya lo sabes. Piensas y sientes igual que yo. Estamos en el mismo lado. El lado de las piedras en el río."

 

Julio 2008.

July 07

Historias crueles II

 
          "No faltó a la cita. Abrió sus ojos verdes de hoja mustia y me dijo que quería seguir oyendo mi voz. Sentados bajo el árbol del parque que nos conocía tan bien, comencé a escribir nuevamente para ella.
 

I.

         “Cuando me invitó a su casa a ver una película, nunca sospeché cuál iba a ser su elección. Nos conocíamos lo justo, de ser vecinos hacía unos meses y poco más. Era una persona educada y  tímida; el típico vecino soltero y solitario que todos tenemos. Sin embargo, la diferencia con el resto era un corte de pelo impecable y una carita mona aderezada con unas gafas Tito Bluni.

Habíamos coincidido en el ascensor días atrás, y me preguntó indirectamente si tenía pareja. Le dije que sí, que había alguien, pero que estaba lejos y que no volvería hasta dentro de unas semanas. Me pareció oír como respuesta un sonido gutural parecido a “la luna se enamora de quien más habla con ella”, pero no estoy del todo segura. Y acto seguido, me invitó a su casa a ver “buen cine”. Acepté porque el chico no parecía peligroso, y, a fin de cuentas, tampoco iba a poder salir con nadie el sábado, ya que todas mis amigas tenían plan.

Su casa era preciosa. Sobria, de color azul pastel en las paredes y los muebles lacados en blanco. No había bajado las luces, ni preparado una atmósfera romántica donde cazarme, como era de suponer. Eso me gustó. La idea original era pasar un sábado noche acompañada, sin más pretensión que poder hablar un rato con alguien, y  él también lo tenía muy claro.

Al comenzar la película apagó la luz del techo, y me ofreció una butaca tapizada en azul oscuro que resultó muy cómoda. Él se quedó en otra butaca, separada de la mía por metro y medio. Para mí quedaba demostrado que no era peligroso.

Acostumbrada a “La jungla de cristal” y “Rambo” en sucesión infinita con todos mis ligues, el hecho de que escogiera “El lado oscuro del corazón” ya me puso los pelos de punta, y me hizo pensar en la clase de friki que era. Y  lo pensé más cuando murmuró en la primera escena acompasado con el protagonista: “me importa un pito si las mujeres tienen lo senos como magnolias o como pasas de higo…”. Empezó a recitar una por una todas las poesías de Benedetti de cada secuencia con una especie de sonido gutural ahogado. Supuse que cuando estaba a solas las decía a viva voz, pero que, por mi presencia, amortiguaba las palabras.

Acabó la película y me subí a casa con una gran sonrisa. “Los raros son muy raros”, me dije.

Nos volvimos a encontrar a los pocos días. Teníamos horarios de trabajo bastante parecidos o eso pensé, ya que casi todas las mañanas a la misma hora él pulsaba el botón del ascensor cuando yo bajaba, y compartíamos los dos últimos pisos antes de salir a la calle. Me propuso volver a su casa aquella misma noche. Esta vez me lo pensé un poco más. El pareció advertir mi duda y me dijo que sabía cocinar una sopa fría lituana maravillosa.

El estómago ha sido siempre mi debilidad y ver a un hombre cocinando con delantal también. Pensé que nombrar la cocina fue casual, pero luego me di cuenta que no había que ser demasiado listo para darse cuenta que me gustaba el arte culinario, sobre todo por mis caderas amplias, que contrastaban con su delgadez angulosa y masculina.

Me “dejé convencer” y acepté subir cuando regresara para cenar. “Veamos la sorpresa que tiene reservada el friki”. Y no me equivoqué, no. La cocina de su piso estaba impecable, ordenadísima y limpia a más no poder, y eso ya era de por sí increíble. Había preparado una mesa en el salón, con dos sillas, una a cada extremo de la mesa, manteniendo las distancias, y estaba sobriamente decorada con dos manteles individuales de estilo oriental. Mi anfitrión lucía un precioso delantal rojo sin adornos con doble vuelta en los lazos. Debió averiguar que mi signo solar era tauro y que el color rojo era mi preferido. Incluso debió intuir el potencial erótico que los delantales tienen para mí.

Descubrí que había sido generoso con las raciones, así que devoré varios calderos de sopa y le vi una especie de mueca en el rostro parecida a una sonrisa. Creo que hay personas que no sonríen del todo, como si el arco de una sonrisa completa les afeara el rostro y fueran conscientes de ello, así que sonríen a medias en una especie de mueca alegre.

Hablamos de música casi toda la noche. Me dijo que le gustaba el tango, me habló de Astor Piazzolla y de Gotan Project. Oímos varias piezas de tango chill out sentados en las butacas, que había trasladado al otro extremo del salón junto al reproductor, y, por el efecto del vino, su rostro comenzaba a parecerme más agraciado aún. Cuando se acercó lo suficiente a donde yo estaba para coger un Cd del mueblecito negro donde los tenía guardados, vi que sus ojos eran de un color aguamarina singular en el que yo no había reparado.

Me despedí un rato antes de las doce muy sobriamente. Ante todo y sobre todo porque la sopa fría quería salir ya de mis intestinos y no hay nada menos glamoroso que tener que usar el aseo ajeno cuando existe un exceso de fibra en el cuerpo. Al día siguiente tenía que trabajar, así que también me escudé en eso para irme, sin resultar demasiado brusca y sin dar tiempo para escenas incómodas.

Pasaron un par de semanas  y una noche de sábado nos encontramos en el ascensor. Yo no iba sola. Mi chico le sacaba así como veinte centímetros de altura, un par de años de gimnasio y quince kilos de firme carne alemana. Saludó cortésmente y me miró con sus ojos color aguamarina muy apagados. Pensé que él dio por supuesto que toda la parafernalia de su cortejo había hecho mella, y su expresión de tristeza, hábilmente formada para que yo me sintiera culpable, no me hizo  sentirme culpable unos minutos después  cuando estaba acompañada en la cama, gritando de placer y disfrutando de las bondades de la salchicha alemana, sabiendo además que mis gritos retumbaban en todo el edificio y que sin duda  él los estaría oyendo”.

 

II.

“- Es que me aburre. Es aburrida. Me habla de cosas que aburrirían a cualquiera. Yo sólo quería acostarme con ella, tener sexo y lo he conseguido, pero no se me ocurrirá jamás decir que me gusta algo cuando en realidad no me gusta para poder llevarme a alguien a la cama.

-Ya te he dicho que lo mejor es ser uno mismo. Ganas más puntos. Ellas aprecian la naturalidad. Además, somos lobos pero no tenemos que parecerlo.  Yo ahora estoy con una morenaza cañón que piensa que soy un poeta dulce y amantísimo,  todo porque copié  unos textos que encontré en un libro antiguo de poemas y le mandé unos fragmentos por sms. Ella nunca sabrá que son copiados. Me cree alguien con una sensibilidad especial, así que el sexo es maravilloso. Se entrega cada vez más y está loquita por mis huesos…

-Bueno, yo tengo que oir sus interminables alegatos de política y ecología, o sus charlas sobre los cráteres de la luna… ¡Qué suplicio, dios mío! Que a mi no me gusta la fotografía ni el buceo, y no creo en las sirenas…  Menos mal que el sexo es excelente. Tenemos sexo todos los días, a todas horas, me lleva loco, me va a dejar seco. Si no fuera por esos ratos, ya la habría mandado a paseo.

-Las mujeres son la sal de la vida. ¡Qué poco cuesta hacer que se enamoren y abran su cofre del tesoro pirata! Somos unos triunfadores con las mujeres, chaval…

Y rieron a carcajadas mientras veían el partido de la selección en el bar.

“Si supiera que ni siquiera me ha dejado comerle los morros y sobarla en estos tres meses y que me empiezan a gustar el buceo y la astronomía… mi reputación se vendría abajo… menos mal que nadie sabe la verdad…”

“Si supiera que mi morenaza cañón en realidad es una mujer normal y corriente tirando a poco agraciada y que los sms que le envío son poemas que compuse pensando en ella porque de verdad me gusta… menos mal que nadie sabe la verdad…””

 

III.

                “Fui a buscarla con vaqueros, bambas y una camiseta de algodón blanca.

- Me habías dicho que íbamos a ir a la ópera… -llevaba un vestido azul de satén con un escote pronunciado en la espalda que impedía llevar sujetador y que dejaba en libertad las precisas y preciosas curvas de sus senos-… ¿por qué no te has vestido tú?

                Le puse un dedo en los labios en mudo gesto de silencio y la cogí de la mano hasta llevarla al coche. Conduje hacia mi apartamento, limpio y reluciente gracias a la empleada doméstica que había pedido prestada a mis vecinos durante cinco horas.

                La luz era ténue y había preparado el equipo de música con una selección de discos de ópera. Estaba realmente hermosa con aquel vestido. Y con sus tacones altísimos era más alta que yo. Tenía un rasgo de belleza clásica en sus ojos, un brillo musical, una extraña mirada fija que me volvía loco por momentos.

                Subí el volumen de la música mientras la llevaba en brazos al dormitorio. Me había propuesto seducirla sin hacer una chapuza, así que tenía champán enfriándose y pétalos de rosa esparcidos por toda la cama. Parecía un poco apresurado para la segunda cita, pero es que era realmente bellísima, con clase y saber estar y yo no, así que tenía que jugar bien mis cartas.

                Me había leído varias páginas webs sobre seducción, y me consideraba todo un experto en ligues varios con un currículum impresionante. Ella era mi mejor pieza, sin duda. Y todo estaba saliendo a la perfección. Pequeños fragmentos de Madame Butterfly, La Traviatta y Carmen ablandaron su corazoncito, y el champán y las flores en la habitación hicieron el resto.

                Cuando noté el tacto suave y delicado de su piel yo me estaba enamorando a una velocidad pasmosa. Le hubiera jurado amor eterno cuando ella me desnudó con una lluvia de besos por todo el cuerpo en un baño de sensualidad que no olvidaré jamás.

                Como tampoco olvidaré nunca que ella cogiese de su bolso unas esposas forradas con terciopelo rojo que yo creí parte de los preludios del juego erótico y se largara, dejándome desnudo y enganchado al cabezal de la cama durante ocho horas hasta que me encontró mi madre, que como cada mañana de domingo venía a traerme unas croquetas para la comida y la ropa limpia de toda la semana.”

 

                Leí mis historias en voz alta para ella. Cuando acabé, me di cuenta de que sonreía. Vagamente pero sonreía. Se quedó allí, sentada, con la mirada perdida y yo me fui sin despedirme. Ella no me hubiese oído."

 

Julio 2008.

July 04

Cómo cocinar la ternera o por qué los hombres mienten tanto

 

-“El amor es como la ternera –dije, así sin más. Me miró con los ojos como platos.

- Sí –continué-. Piensas que hay comer carne para sobrevivir. Es más, es imprescindible por sus proteínas y componentes que mantienen a raya el azúcar en sangre. Así que, vas al mercado y la ves toda roja, jugosa, fresca, y te apetece comerla. Piensas que estará buenísima. Si deseas un filete rápido de vuelta y vuelta, le dices al tendero que la corte en filetes. Te vale cualquier ternera. Es una comida rápida, sin complicaciones, que hasta un imbécil cualquiera puede hacerla. No hace falta ser especialmente diestro en la cocina para hacer un filete a la plancha.  

-No, hasta yo mismo sé hacerlo.

-¿Ves? Ese es el amor exprés de estos tiempos que corren. Pero… supongamos que te apetece elaborar un poco más la ternera. Le dices al tendero que te la corte en trocitos. También compras verduras frescas, una botella de buen vino tinto, patatas de primera calidad, aceite de oliva, especias… en fin, buenos ingredientes porque piensas cocinar un plato especial. Y piensas ponerle ganas a lo que cocines. No te importa pasar más tiempo cocinando, buscas un plato especial y nutritivo: una buena salsa de ternera y verduras, por ejemplo.

-Ajá. Eso ya es para chefs más expertos.

-No, este plato está al alcance de cualquiera. Es el amor en su versión elaborada. Tienes que controlar los ingredientes, el tiempo y probar de vez en cuando el sabor para ver si se acerca a lo que querías conseguir. Sabes que te llevará tiempo cocinarlo, pero también sabes el resultado seguro que obtendrás si haces las cosas correctamente. Es un valor seguro.

-Sí. Ya sé lo que quieres decir. Aún así, los hombres estamos incapacitados para cocinar ese tipo de platos. Pocos hombres de los que conozco son capaces de hacerlo.

-Pero lo