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August 24

El uno y el dos

 

"Estaban sentados los dos juntos en el lecho del dragón negro.

-Fíjate, pequeña mariquita mía, en el hombre que es capaz de aguantar su soledad. Desconfía del que busca la compañía de alguien siempre. Aquel que permanece quieto consigo mismo, es el más feliz de los hombres. Y el más fuerte. Los fantasmas interiores corroen al hombre. Sólo el que es capaz de permanecer con ellos en una convivencia pacífica ha vencido su condición humana.

-Maestro de los ojos serenos, la soledad se elige cuando tenemos miedo de que alguien nos ame por la responsabilidad que ello implica, por su parte y por la nuestra, o simplemente porque nuestros errores pesan demasiado y no creemos en la redención. Nos miramos por dentro y nos vemos tan poco merecedores de amor que nos auto-castigamos a estar solos. Y nuestro yo más perverso disfruta con ello.

-Esta vida solitaria se elige en un perfecto acto de sano egoísmo, pequeña mariquita.

-El egoísmo puede matar, Maestro de los ojos serenos. Tiene unos dientes afilados que desangran el corazón poco a poco y lo resecan.

-Pequeña mariquita mía, nadie ha de darnos valor. Por nosotros mismos valemos un mundo. El hecho de que sea otra persona quien te otorgue valor ya implica una mísera condición de sí mismo.

-La mísera condición de sí mismo es creer que no se es digno de que otra persona nos ame y nos dedique su tiempo. No es el valor individual lo que prima, sino el valor de lo que construyen dos personas juntas. Del uno pasamos al dos. Es evidente que primero es el uno. Sin embargo para que haya uno, debe existir el dos.

-Pequeña mariquita mía, tu postura demuestra sobradamente el equilibrio entre el yin y el yang. Esa humanidad tuya contrasta con mi deshumanización. Los apegos nos matan. Igual que nos matan los desapegos.

-Maestro de los ojos serenos sé sobradamente que esta diferencia, lejos de separarnos, es la que nos une. Ese equilibrio es nuestro punto de encuentro".

 

Agosto 2008.

August 19

Perro sin amo

 

Tus ojos me miran y no me ven.

Me hablas y tus labios piensan que no hablas.

Así, así, me siento.

Como perro apaleado.

 

Aquí me tienes.

Sin corazón en el pecho.

Lo has arrancado.

Lo sabes bien.

 

Sonríes. Perversa.

Estoy en la calle mirando  la luna.

Sin fuerzas para ladrar.

Como perro apaleado.

 

Juguete de tus manos y de tu risa.

Perro sin amo.

 

 

Julio 2008

July 28

...

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Cerrado por inventario.
 
 
Julio-Agosto 2008
 
July 25

Porqué la química funciona siempre

 

“- Si quieres hacerle pupa, envíale esta canción camuflada como bolero inofensivo…- me dijo Javier cuando acabé de contarle mi problema.- Le cambias el nombre, se lo envías y… voilá, le harás pupita. Mira, suena tal que así.

            Y comenzaron los acordes de Rata de dos patas. A los treinta segundos estaba riéndome a carcajadas.

- ¡Qué cruel me parece esto! ¡Es demasiado cruel! Es que mi forma de actuar no es esa. Paquita la del Barrio será muy buena dama, temperamental y todo lo que quieras, pero no es mi modo de hacer las cosas. Soy más emocional, más íntima, con más estilo. Creo que me pondré a escribir algo.

            A los cinco minutos ya había creado el texto.

 

 

No rozaré ni un solo poro de tu piel

no seré nada para ti

pero  cuando te mire

sabrás

sin equivocarte

el momento exacto

en el que estaré haciéndote el amor.

 

 

- Es contundente, pero el hielo no se funde con el calor. Y con ese calor menos todavía -rió entre dientes.- Si hay demasiado calor se evapora. Soy ingeniero químico y sé de lo que te hablo.

-¿No me digas? Javier, siempre había entendido que el hielo se derrite con el calor…

-Una temperatura elevada hace que el hielo se funda, sí, pero también hace que se evapore en igual medida. Y en estado gaseoso, las cosas casi desaparecen. Lo mejor para el hielo es sal.

-¿Sal? La sal escuece en las heridas.

-Mejor. Así las cura. Pues eso: sal.

Lo miré de hito en hito.

-Mira: todo está en las moléculas. El agua se empaqueta de una manera muy ordenada al congelarse, este orden obliga  a expulsar todo tipo de sales de su red cristalina, por tanto, el hielo no tiene sales, así que si añadimos grandes cantidades de sal al hielo, lo obligamos a gastar energía en separar la sal de su estructura de agua. Esta obligación se transforma en la necesidad de un mayor frío para que sea estable la estructura sólida del hielo, por lo que favorecemos la fusión de éste rápidamente.

-Joder con la química de las narices. Debí haber prestado atención en el instituto en clase en vez de mirarle el culo a Pepa cuando escribía en la pizarra…

            Y sonriendo me besó en la frente y dijo:

-Ya lo sabes. Ya sabes lo que hacer. Sal. Sal de su camino.

 

 

(Porque el humor nos salva)

 

Julio 2008.

 

 

July 23

Tratados de desamor

 
          Nada que dar
 
 
         "Sé que moriré si no me voy de su lado, si no me aparto de su camino.
 

Yo lo acaricio con ternura en un último acto de esperanza y él huye como si me abandonara hacia espacios infinitos que no conozco. Hay tanto de él que no sé, tantas cosas que no me dice, que mis ojos se cansan de buscar las palabras oportunas en mitad de esta incertidumbre y a la vez certidumbre que nos separa. Sus muros son tan altos y fuertes que desistí de atravesarlos y construí los míos para tratarlo con indiferencia, para que sus ojos carentes de emoción alguna no me hicieran daño. Estos muros de piel me protegen de él en cierta forma, y me encierran cada vez más en mi lejano mundo secreto que no conoce.

No me dejó la llave de su corazón, como le pedí, sólo me abrió la puerta de su frío interior, de este frío temible que paraliza por momentos los latidos de mi vida. Quizá soy la que menos merece este trato cruel, pero eso no importa. A sus ojos las cosas son diferentes. No hay nada a este lado del muro, no hay existencia más allá de sus propios designios, de su propia vanidad. No entiende la música que habita mi espíritu, ni el sonido ahogado de las cuerdas vocales de mi tristeza intentando fundir amorosamente ese hielo azul que protege su corazón. Nunca quiso entenderme en todo este tiempo y duele aceptar que siga siendo así.

Ni siquiera cuando lo desnudo labio a labio con las manos, apenas rozando su piel y busco encajar mi cuerpo en el suyo, está a mi lado. Vuela lejos, como las aves migratorias, y no puedo alcanzarlo. De nada sirven mi boca en su boca, ni el vaivén, ni mi calor sobre la piel de su pecho. Su cuerpo es inmutable como una máquina cruel diseñada para matar corazones enfrentándoles a su vacío; no es más que un rudo autómata  envuelto en la pasión humana.  Su lado más oscuro tiene un brillo sutil de mentiras y secretos que no he descifrado aún a pesar de que me rompen lentamente en mil pedazos. Y no hablo. Callo, deliberadamente, dejándome llevar en este frenesí que no tiene una estación esperando para bajar, ni un destino cierto que seguir más que el de la propia extinción de la combustión del deseo.

 La piedra –pienso-  es infranqueable. Él cerró sus puertas hace tiempo, y yo quedé al otro lado, esperando no sé qué resquicio imposible por donde mi calor pueda atravesar su fortaleza pétrea. Pero ya he desistido, este es el último estertor de esta fiebre.

Y esta noche, después de despedirnos, volverá a casa como siempre. Sin ser de nadie. Porque la piedra no sabe dar, no tiene nada que dar."

 

 

Agujeros negros

 

“Ojalá y tuviera más para darte, pero se me ha agotado todo. No queda nada en mí. Es la época de la muerte para dar paso a una nueva vida. Todo debe morir para renovarse, en un ciclo eterno. Ya no me valen tus sonrisas, ni tus gestos, ni tus ojos enigmáticos y eléctricos mirándome. Se me queda corto el cuerpo para demostrar, y no sé ir más allá. Aún tengo el espíritu formándose, es de un uso efímero y todavía no ha aprendido bien a volar. Ni siquiera me pertenece del todo, así que no puedo pedirle que te diga que te amo, porque ni yo mismo lo sé.

El vacío ha llegado sin darme cuenta. Sigiloso y nocturno, ha ido corroyendo tu recuerdo, lo poco que tenía de ti; ha sido despacio, tan despacio como se amarillea una foto antigua, sin saber qué día comenzó o en qué momento terminó, pero que le da un aspecto ajado y roto. El amor es efímero, es arena entre los dedos. La intentas atesorar, que no se escape, pero no sabes bien por dónde comienza a filtrarse, a escurrirse, hasta que te miras la mano y la ves vacía, sólo queda el rastro dorado y grumoso que indica que una vez hubo arena ahí.

El cielo sabe que no puedo explicarte lo que siento. No te has ido tú, me he ido yo. Cada vez más lejos, cada vez más lejos, hasta verte como un punto mínimo del espacio. Es lo que tiene la lejanía. Ves a las cosas cada vez más insignificantes, tremendamente parecidas a otras que ya conoces. Y dejas de darle importancia. No importa si una estrella no brilla una noche, si desaparece, hay millones de otras estrellas que hacen que la noche brille. Pero tú no entiendes esto. Yo tampoco.  Sé que ocurre. Lo que antes parecía inmenso ahora es una pequeña gota en el mar. Aquella estrella tan importante, ahora es un agujero negro en el cielo.”

 

Mayo-Junio-Julio 2008. 

 

July 18

El destino

 
"Caminaban los dos juntos por la ladera del volcán del destino.
 
--Pequeña mariquita mía, el mundo gira por sí mismo en un movimiento cambiante y veloz. Para conseguir la paz interior debes contrarrestar ese movimiento con tu no acción, tu no intervención. Tu intervención no será una intervención como tal, el destino hará lo que precise hacer y cuando necesite hacerlo. Aunque intervengas, el destino será quien decida. Debes dejar que todo siga su curso. La contemplación del movimiento es lo que le da valor a tal movimiento.
 

--Maestro de los ojos serenos, si yo no intervengo en el movimiento, lo que se mueva será para mí un objeto no amado y no me implicaré en su movimiento. Quien quiere demostrar amor, lo demuestra ocupándose en el objeto de su amor. Con el pensamiento y con las manos, poniéndolos a su servicio, en un equilibrio perfecto de acción y quietud. El dragón inmóvil en aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos, pero si se mueve es un gran cazador.

 

Y por primera vez el maestro quedó sin palabras."
 
 
Julio 2008.
July 15

Luna de invierno

 
 
 
 
 
"No entendí tu soledad
hasta que me dolió"
 
 
Julio 2008
July 13

El fin de una era o porqué se extinguieron los dinosaurios

 
 
"--Tenemos que hablar  - me dijo-.
 

                Cuando una mujer dice que quiere hablar contigo, amigo mío, o se trata de que desea comprar algo muy caro con tu dinero o de que te va a dar el finiquito sentimental,  y, como ella tenía sus propios ingresos y no compartíamos nada en común relacionado con la economía y no había nada tampoco sobre lo que debiéramos hablar, comprendí enseguida la gravedad de la situación. Después tendría el infinito gusto de comprobar la exactitud de mi intuición.

-- Mira, lo que sentía por ti se ha acabado. No sé cómo ni por qué ha sido, pero se ha acabado. Como vino se fue. Ojalá y tuviera una explicación mejor para darte. Los sentimientos son frágiles y no somos dueños de ellos. Se acabó.

                Así, tajante, sin anestesia y con palabras románticas que a mí me sonaban a chino mandarín. Tragué saliva y no daba crédito a lo que oía. Hacía un par de semanas, antes de irme a Timor Oriental de vacaciones con un amigo, ella parecía estar bien. Bueno, a decir verdad, cuando volví estaba un pelín enfadada porque no le dije nada, no llamé durante quince días y no la llevé conmigo. Pero nada grave. Además, debería estar agradecida que hubiese vuelto sano y salvo después de un viaje tan largo.

-- Me pareces una criatura maravillosa, y podemos seguir siendo amigos.

-- ¿Seguir siendo amigos? ¿Eso significaría que no tendríamos sexo? - acerté a balbucear.

                Si las miradas mataran, yo habría muerto esa misma tarde en aquel café. “Hombre asesinado por mirada femenina”, hubieran titulado los periódicos locales. Respiró hondo y pensé que me abofetearía sin motivo alguno. Sin embargo, las clases de yoga a las que ella asistía eran fabulosas. Volvió a hablar serenamente como siempre.

-- Ya sabes que puedes seguir contando conmigo para lo que te haga falta. Soy una buena amiga y soy leal. Eso sí, me gustaría que en un tiempo no nos viéramos.

-- ¿Entonces de sexo nada? Podríamos ser amigos con derecho a roce… y si no, podrías organizarme una cita a ciegas con esa amiga tuya pelirroja con ojos verdes con la que estuve charlando aquel día que tú no pudiste salir porque terminaste tarde de la oficina…- propuse.

                Me miró fijamente y calibró, desde su punto de vista femenino, mi inteligencia. Hice mi mejor pose. Creo que gané puntos en su último examen.

-- Bien, me marcho. Ya sabes, cuídate mucho. - y diciendo esto pagó la cuenta y se levantó. Vi como se marchaba caminando mientras me terminaba mi cerveza.

 

Yo me quedé pensando largo rato en su precioso culo."

 

Julio 2008.

July 08

El lado de las piedras en el río

 
          "Tengo miedo. Simplemente un miedo atroz. Yo no sé amar. No entiendo tus juegos, no entiendo por qué quieres cuidar de mí, por qué quieres condenarte a una vida a mi lado. ¿Por qué renuncias a tu libertad si la puedes usar de mil formas distintas? ¿Por qué me la das a mí? ¿Esperas acaso que yo te responda en igual manera? ¿Esperas que me vuelva dócil y manso en tus manos? ¿O tal vez que sea cariñoso y dulce y renuncie a mi naturaleza?

Quieres encerrar mis alas en una burbuja de vidrio, quieres que rompa mis sueños para seguirte… no, amor, mejor huir ahora que aún tenemos libre el corazón. ¿Por qué castigarnos los dos a una soledad de cadenas? ¿Por qué condenarnos a este vuelo frágil que se romperá algún día y nos hará pedazos? No, jamás. Nunca. ¿Me oyes? Nunca. No a ese precio. Yo no quiero dejar de ser yo. No quiero que elijas mi champú, como dice Sabina. Ni que yo regrese a casa y tú estés deseando que me marche de nuevo. ¿Recuerdas a Joy Division? La canción más bonita del mundo… el amor nos despedazará de nuevo. Sí, así, sin más. Nos romperá a trocitos minúsculos, disolviéndonos como partículas de arena en el desierto. Tú querrás más de mí, querrás más amor, más cariño y yo no podré darte más de lo que sé dar. Un día contrastarás tu balanza y descubrirás que yo te he dado demasiado poco. Y entonces sentirás rencor hacia mí porque no he sabido darte lo que esperabas. El dolor te brotará de los labios como una rosa negra y te envenenará. Me mirarás con rencor el resto de tu vida por hacerte esto. Vete… quiero que te marches o me marcharé yo. Aún podemos huir. Aún no es tarde para renunciar.

¿No te das cuenta? Esto es una trampa mortal. Si yo no te doy lo que quieres, si no te respondo en igual medida, serás infeliz. Poderosamente infeliz. Tu amor no es más que un reflejo de tu egoísmo: esperas que yo te corresponda en igual medida. Que esté a tu lado. Que te ame como tú me amas. Pero no, amor, somos aquello que amamos. Y yo me amo a mí mismo en un egoísmo sin límites conocidos. Soy aquello que amo. Y me amo sobre todas las cosas, y te amo sobre todas las cosas porque no quiero que sufras. No quiero que sufras mi frío, ni mis ataques de soledad, ni las palabras hirientes cuando me estorbes. Digo un no rotundo a que tengas que coser mis vaqueros desgastados o los agujeros negros de mi propia alma. No quiero que cargues con mis maletas, ni que me las dejes en el rellano de la escalera porque te sientas sola. ¿Qué pasará cuando mi pasión no sea la que esperas? Te romperé en pedazos y esos pedazos minúsculos de ti se quebrarán cada día  más ante el espejo cuando te mires por las mañanas. Y te verás rota. Una vida rota, unos sueños rotos. Y llorarás por las noches porque yo no estoy contigo aunque esté a tu lado. O porque sencillamente me haya ido a vivir en otros mundos porque esté cansado de ti.

Sí, amor, no te das cuenta de lo que me pides. Ni eres consciente del dolor que podemos causarnos, ni de la indiferencia que llegará inevitablemente a nuestras vidas cuando te hayas hartado de mí y yo de ti. Entonces… ¿qué haremos con esos pedazos tan grandes que compartimos? ¿Seguiremos unidos por esas cadenas invisibles que tú pretendes forjar en estas palabras? Sí, amor, todo es mentira. Un engaño. El amor no es más que dos personas que quieren dejarse engañar. Tal vez el engaño dure toda la vida. ¿Qué pasará cuando nos demos cuenta que hemos apostado al caballo equivocado? ¿Qué pasará cuando se evaporen las mariposas en el estómago? Dime… ¿me seguirás amando cuando descubras que soy de barro e imperfecto? ¿Avanzarás junto a mí si crecemos los dos juntos? Ojalá y yo pudiera decirte que sí a todas esas preguntas. Ojalá y todo fuesen afirmaciones. Pero no lo son y ni siquiera tú sabes qué pasará, o sí lo sabes y callas. Ojalá y abriésemos el corazón como yo lo estoy haciendo ahora cada vez que hablásemos los dos. Pero no, ya sabes que mi corazón está cerrado, cerrado e inalcanzable como una estrella. Todo sería sencillo si dijera que me comprometo a cuidar de ti, a hacer que todo funcione, que todo marche bien para siempre. Pero te estaría mintiendo. O tal vez no. Tal vez sería tan cabezota que seguiría hasta el final. Hasta que acabemos viejos y rotos como juguetes de niños pequeños.

Tal vez lo que cuenta es el presente y lo feliz que soy contigo sin preguntar nada. Tal vez es la hora de huir. O de quedarse. O de besarnos.

Pero nunca supe dejarme llevar. Tú ya lo sabes. Piensas y sientes igual que yo. Estamos en el mismo lado. El lado de las piedras en el río."

 

Julio 2008.

July 07

Historias crueles II

 
          "No faltó a la cita. Abrió sus ojos verdes de hoja mustia y me dijo que quería seguir oyendo mi voz. Sentados bajo el árbol del parque que nos conocía tan bien, comencé a escribir nuevamente para ella.
 

I.

         “Cuando me invitó a su casa a ver una película, nunca sospeché cuál iba a ser su elección. Nos conocíamos lo justo, de ser vecinos hacía unos meses y poco más. Era una persona educada y  tímida; el típico vecino soltero y solitario que todos tenemos. Sin embargo, la diferencia con el resto era un corte de pelo impecable y una carita mona aderezada con unas gafas Tito Bluni.

Habíamos coincidido en el ascensor días atrás, y me preguntó indirectamente si tenía pareja. Le dije que sí, que había alguien, pero que estaba lejos y que no volvería hasta dentro de unas semanas. Me pareció oír como respuesta un sonido gutural parecido a “la luna se enamora de quien más habla con ella”, pero no estoy del todo segura. Y acto seguido, me invitó a su casa a ver “buen cine”. Acepté porque el chico no parecía peligroso, y, a fin de cuentas, tampoco iba a poder salir con nadie el sábado, ya que todas mis amigas tenían plan.

Su casa era preciosa. Sobria, de color azul pastel en las paredes y los muebles lacados en blanco. No había bajado las luces, ni preparado una atmósfera romántica donde cazarme, como era de suponer. Eso me gustó. La idea original era pasar un sábado noche acompañada, sin más pretensión que poder hablar un rato con alguien, y  él también lo tenía muy claro.

Al comenzar la película apagó la luz del techo, y me ofreció una butaca tapizada en azul oscuro que resultó muy cómoda. Él se quedó en otra butaca, separada de la mía por metro y medio. Para mí quedaba demostrado que no era peligroso.

Acostumbrada a “La jungla de cristal” y “Rambo” en sucesión infinita con todos mis ligues, el hecho de que escogiera “El lado oscuro del corazón” ya me puso los pelos de punta, y me hizo pensar en la clase de friki que era. Y  lo pensé más cuando murmuró en la primera escena acompasado con el protagonista: “me importa un pito si las mujeres tienen lo senos como magnolias o como pasas de higo…”. Empezó a recitar una por una todas las poesías de Benedetti de cada secuencia con una especie de sonido gutural ahogado. Supuse que cuando estaba a solas las decía a viva voz, pero que, por mi presencia, amortiguaba las palabras.

Acabó la película y me subí a casa con una gran sonrisa. “Los raros son muy raros”, me dije.

Nos volvimos a encontrar a los pocos días. Teníamos horarios de trabajo bastante parecidos o eso pensé, ya que casi todas las mañanas a la misma hora él pulsaba el botón del ascensor cuando yo bajaba, y compartíamos los dos últimos pisos antes de salir a la calle. Me propuso volver a su casa aquella misma noche. Esta vez me lo pensé un poco más. El pareció advertir mi duda y me dijo que sabía cocinar una sopa fría lituana maravillosa.

El estómago ha sido siempre mi debilidad y ver a un hombre cocinando con delantal también. Pensé que nombrar la cocina fue casual, pero luego me di cuenta que no había que ser demasiado listo para darse cuenta que me gustaba el arte culinario, sobre todo por mis caderas amplias, que contrastaban con su delgadez angulosa y masculina.

Me “dejé convencer” y acepté subir cuando regresara para cenar. “Veamos la sorpresa que tiene reservada el friki”. Y no me equivoqué, no. La cocina de su piso estaba impecable, ordenadísima y limpia a más no poder, y eso ya era de por sí increíble. Había preparado una mesa en el salón, con dos sillas, una a cada extremo de la mesa, manteniendo las distancias, y estaba sobriamente decorada con dos manteles individuales de estilo oriental. Mi anfitrión lucía un precioso delantal rojo sin adornos con doble vuelta en los lazos. Debió averiguar que mi signo solar era tauro y que el color rojo era mi preferido. Incluso debió intuir el potencial erótico que los delantales tienen para mí.

Descubrí que había sido generoso con las raciones, así que devoré varios calderos de sopa y le vi una especie de mueca en el rostro parecida a una sonrisa. Creo que hay personas que no sonríen del todo, como si el arco de una sonrisa completa les afeara el rostro y fueran conscientes de ello, así que sonríen a medias en una especie de mueca alegre.

Hablamos de música casi toda la noche. Me dijo que le gustaba el tango, me habló de Astor Piazzolla y de Gotan Project. Oímos varias piezas de tango chill out sentados en las butacas, que había trasladado al otro extremo del salón junto al reproductor, y, por el efecto del vino, su rostro comenzaba a parecerme más agraciado aún. Cuando se acercó lo suficiente a donde yo estaba para coger un Cd del mueblecito negro donde los tenía guardados, vi que sus ojos eran de un color aguamarina singular en el que yo no había reparado.

Me despedí un rato antes de las doce muy sobriamente. Ante todo y sobre todo porque la sopa fría quería salir ya de mis intestinos y no hay nada menos glamoroso que tener que usar el aseo ajeno cuando existe un exceso de fibra en el cuerpo. Al día siguiente tenía que trabajar, así que también me escudé en eso para irme, sin resultar demasiado brusca y sin dar tiempo para escenas incómodas.

Pasaron un par de semanas  y una noche de sábado nos encontramos en el ascensor. Yo no iba sola. Mi chico le sacaba así como veinte centímetros de altura, un par de años de gimnasio y quince kilos de firme carne alemana. Saludó cortésmente y me miró con sus ojos color aguamarina muy apagados. Pensé que él dio por supuesto que toda la parafernalia de su cortejo había hecho mella, y su expresión de tristeza, hábilmente formada para que yo me sintiera culpable, no me hizo  sentirme culpable unos minutos después  cuando estaba acompañada en la cama, gritando de placer y disfrutando de las bondades de la salchicha alemana, sabiendo además que mis gritos retumbaban en todo el edificio y que sin duda  él los estaría oyendo”.

 

II.

“- Es que me aburre. Es aburrida. Me habla de cosas que aburrirían a cualquiera. Yo sólo quería acostarme con ella, tener sexo y lo he conseguido, pero no se me ocurrirá jamás decir que me gusta algo cuando en realidad no me gusta para poder llevarme a alguien a la cama.

-Ya te he dicho que lo mejor es ser uno mismo. Ganas más puntos. Ellas aprecian la naturalidad. Además, somos lobos pero no tenemos que parecerlo.  Yo ahora estoy con una morenaza cañón que piensa que soy un poeta dulce y amantísimo,  todo porque copié  unos textos que encontré en un libro antiguo de poemas y le mandé unos fragmentos por sms. Ella nunca sabrá que son copiados. Me cree alguien con una sensibilidad especial, así que el sexo es maravilloso. Se entrega cada vez más y está loquita por mis huesos…

-Bueno, yo tengo que oir sus interminables alegatos de política y ecología, o sus charlas sobre los cráteres de la luna… ¡Qué suplicio, dios mío! Que a mi no me gusta la fotografía ni el buceo, y no creo en las sirenas…  Menos mal que el sexo es excelente. Tenemos sexo todos los días, a todas horas, me lleva loco, me va a dejar seco. Si no fuera por esos ratos, ya la habría mandado a paseo.

-Las mujeres son la sal de la vida. ¡Qué poco cuesta hacer que se enamoren y abran su cofre del tesoro pirata! Somos unos triunfadores con las mujeres, chaval…

Y rieron a carcajadas mientras veían el partido de la selección en el bar.

“Si supiera que ni siquiera me ha dejado comerle los morros y sobarla en estos tres meses y que me empiezan a gustar el buceo y la astronomía… mi reputación se vendría abajo… menos mal que nadie sabe la verdad…”

“Si supiera que mi morenaza cañón en realidad es una mujer normal y corriente tirando a poco agraciada y que los sms que le envío son poemas que compuse pensando en ella porque de verdad me gusta… menos mal que nadie sabe la verdad…””

 

III.

                “Fui a buscarla con vaqueros, bambas y una camiseta de algodón blanca.

- Me habías dicho que íbamos a ir a la ópera… -llevaba un vestido azul de satén con un escote pronunciado en la espalda que impedía llevar sujetador y que dejaba en libertad las precisas y preciosas curvas de sus senos-… ¿por qué no te has vestido tú?

                Le puse un dedo en los labios en mudo gesto de silencio y la cogí de la mano hasta llevarla al coche. Conduje hacia mi apartamento, limpio y reluciente gracias a la empleada doméstica que había pedido prestada a mis vecinos durante cinco horas.

                La luz era ténue y había preparado el equipo de música con una selección de discos de ópera. Estaba realmente hermosa con aquel vestido. Y con sus tacones altísimos era más alta que yo. Tenía un rasgo de belleza clásica en sus ojos, un brillo musical, una extraña mirada fija que me volvía loco por momentos.

                Subí el volumen de la música mientras la llevaba en brazos al dormitorio. Me había propuesto seducirla sin hacer una chapuza, así que tenía champán enfriándose y pétalos de rosa esparcidos por toda la cama. Parecía un poco apresurado para la segunda cita, pero es que era realmente bellísima, con clase y saber estar y yo no, así que tenía que jugar bien mis cartas.

                Me había leído varias páginas webs sobre seducción, y me consideraba todo un experto en ligues varios con un currículum impresionante. Ella era mi mejor pieza, sin duda. Y todo estaba saliendo a la perfección. Pequeños fragmentos de Madame Butterfly, La Traviatta y Carmen ablandaron su corazoncito, y el champán y las flores en la habitación hicieron el resto.

                Cuando noté el tacto suave y delicado de su piel yo me estaba enamorando a una velocidad pasmosa. Le hubiera jurado amor eterno cuando ella me desnudó con una lluvia de besos por todo el cuerpo en un baño de sensualidad que no olvidaré jamás.

                Como tampoco olvidaré nunca que ella cogiese de su bolso unas esposas forradas con terciopelo rojo que yo creí parte de los preludios del juego erótico y se largara, dejándome desnudo y enganchado al cabezal de la cama durante ocho horas hasta que me encontró mi madre, que como cada mañana de domingo venía a traerme unas croquetas para la comida y la ropa limpia de toda la semana.”

 

                Leí mis historias en voz alta para ella. Cuando acabé, me di cuenta de que sonreía. Vagamente pero sonreía. Se quedó allí, sentada, con la mirada perdida y yo me fui sin despedirme. Ella no me hubiese oído."

 

Julio 2008.

July 04

Cómo cocinar la ternera o por qué los hombres mienten tanto

 

-“El amor es como la ternera –dije, así sin más. Me miró con los ojos como platos.

- Sí –continué-. Piensas que hay comer carne para sobrevivir. Es más, es imprescindible por sus proteínas y componentes que mantienen a raya el azúcar en sangre. Así que, vas al mercado y la ves toda roja, jugosa, fresca, y te apetece comerla. Piensas que estará buenísima. Si deseas un filete rápido de vuelta y vuelta, le dices al tendero que la corte en filetes. Te vale cualquier ternera. Es una comida rápida, sin complicaciones, que hasta un imbécil cualquiera puede hacerla. No hace falta ser especialmente diestro en la cocina para hacer un filete a la plancha.  

-No, hasta yo mismo sé hacerlo.

-¿Ves? Ese es el amor exprés de estos tiempos que corren. Pero… supongamos que te apetece elaborar un poco más la ternera. Le dices al tendero que te la corte en trocitos. También compras verduras frescas, una botella de buen vino tinto, patatas de primera calidad, aceite de oliva, especias… en fin, buenos ingredientes porque piensas cocinar un plato especial. Y piensas ponerle ganas a lo que cocines. No te importa pasar más tiempo cocinando, buscas un plato especial y nutritivo: una buena salsa de ternera y verduras, por ejemplo.

-Ajá. Eso ya es para chefs más expertos.

-No, este plato está al alcance de cualquiera. Es el amor en su versión elaborada. Tienes que controlar los ingredientes, el tiempo y probar de vez en cuando el sabor para ver si se acerca a lo que querías conseguir. Sabes que te llevará tiempo cocinarlo, pero también sabes el resultado seguro que obtendrás si haces las cosas correctamente. Es un valor seguro.

-Sí. Ya sé lo que quieres decir. Aún así, los hombres estamos incapacitados para cocinar ese tipo de platos. Pocos hombres de los que conozco son capaces de hacerlo.

-Pero lo hacen. Bien, ahora vamos a complicarnos un poco más la vida. ¿Qué tal si cocinamos un asado de ternera y verduras?

-Ufffff. Un asado… hay que controlar el tiempo sobre todo. Y los ingredientes, para que la ternera no esté dura… y que tenga caldo, porque si no tiene, está demasiado correosa y seca… el asado es la dificultad máxima… al menos yo lo veo así. Demasiados factores.

-Y tienes razón. Primero, tendrás que buscar la ternera adecuada. No te vale cualquiera. Tiene que tener unas características específicas. Bien, has ido al mercado, has visto ternera y le dices al tendero que la quieres para hacer un asado. Compras tu ternera, y de paso, buenas patatas, buenas verduras frescas, en realidad el proceso es parecido a la salsa. Pero entra un factor importantísimo en juego: el tiempo de precalentamiento de horno y la temperatura adecuada para cada momento.

-Lo que yo digo, para expertos expertísimos.

-Bien, no es para expertos, es para quienes usan el sentido común. Seamos sensatos. Primero, has de preparar una mezcla de especias para marinar la ternera, olvidando los sabores demasiado fuertes, mejor que quede suave al paladar. Habrá que encender el horno a una temperatura elevada, sin pasarse, para que se precaliente. Mientras, pelamos verduras y patatas. Cuando el horno haya alcanzado la temperatura seleccionada, ya estará listo para que metamos la bandeja del asado. Hay que pensar en que necesita el tiempo adecuado de cocción y la temperatura adecuada. Mejor que sea más lento el proceso que no demasiado rápido y se socarre. Y además, habremos de vigilar concienzudamente el horneado, sacando la ternera del horno y pinchándola un poquito. Si todos los factores son los adecuados, ella misma se cocinará en su propio jugo, sin necesidad de añadir nada. Como punto final, el toque de más o menos hecha. Aquí ya interviene un poco el gusto de cada uno: hay quien prefiere que quede más cruda o menos. Pero necesita su tiempo, eso seguro. Así que no hay que apresurarse.

-Sí, ya veo, ya. Toda una serie de circunstancias para conseguir un asado. Prefiero la comida rápida, qué quieres que te diga…

-Los hombres pensáis que tenéis hambre, y sí, a veces se tiene hambre, y otras solamente apetito. Cuando se tiene apetito, hay que cocinar un buen plato. Aunque a mí me da por pensar que siempre creéis tener hambre y coméis cualquier comida rápida por el simple hecho de evitar cocinar. Y lo peor es que ningún hombre admitirá que ha comido hamburguesa.

-Bueno, también ocurre que a veces queremos cocinar asado y no controlamos los tiempos. Cuando una vez has probado a hacer asado y no te ha salido, la próxima vez tardas menos en cocinar. Y la próxima menos… y la próxima aún menos…

-Y acabas comiendo hamburguesa siempre.

-Sí y negando que es lo que comes las pocas veces que comes."

 

Julio 2008.

July 03

Mi vieja trinchera. Morir un poco más cada vez.

 
 
        "He vuelto a sentarme sobre el oxidado cañón de mi vieja trinchera, mirando el infinito, perdiendo la vista más allá de la línea clara del horizonte mediterráneo, echándote de menos tanto que creo tenerte entre mis dedos. Pienso en ti con esta mansedumbre ficticia ante el destino que me inunda las entrañas y me impide sentir todo lo demás. Busco el lugar donde morir con honor, como un viejo soldado que sabe que el fin está cerca.
 

Mi vieja trinchera llena de barro y dolor. La huida hacia mí cuando tú no estás. Mi pequeño equipaje de  atardeceres venenosos y mortales. Aquí, en la soledad de esta batería militar, junto a la nada y los acantilados, tú usurpas la forma del viento, del agua y de la rabiosa luz intangible. Desde aquí yo escribo mis últimas cartas al aire, esperando que lleguen a tu mundo que se extiende más allá de mi horizonte. Es triste la puesta de sol, sabiendo que estás en mis pensamientos  con una solidez de piedra, pero donde mis manos no pueden tocarte aunque reclamen violentamente al cielo acariciar tu piel una vez más.

Atardece sin prisa. El sol declina su cabeza y mi corazón palpita con tics tac dolorosos. Es un soldado y necesita morir con valentía para librar con renovada fuerza la siguiente batalla. Cuando te marchas comienza un pequeño milagro del ciclo de la vida: una muerte lenta y dolorosa viene a buscarme. Muero con tu imagen en mis pupilas, entre rojos celestes, nubes moradas y los azules grisáceos de la semioscuridad del cielo, y estoy muriendo día a día hasta que vuelves, en una rutina incansable,  como si la agonía fuese un irrisorio precio a pagar por un sorbo de tu amor. Esta pequeña muerte es la antesala de la vida, me digo, el inicio del momento en el que renaceré de la espuma blanca del mar cuando tú regreses.

Aquí y ahora apago la luz, mi corazón se extingue y adormece hasta que el frío del hielo nocturno lo cubre por completo. Ya ha construido sus muros para resistir al largo invierno que se acerca. El largo invierno en el que no tendré tus labios tristes ni la geometría sobria de tu cuerpo más que en mis sueños. Y me digo:

- Esto es la muerte, no hay duda."

 

Julio 2008.

June 30

Tratado erótico II. Elementos. -Agua y Fuego-

 

 

-Agua-

 

Ven, amor.

Hay pleamar.

 

Y no sé por qué.

Sólo sé que me arrastra hacia ti.

 

No hago preguntas.

No construyo diques.

 

Dejo mis manos abiertas

a la sal de tu sudor.

 

Estrellas de mar

brillan en tu espalda.

 

Tus brazos se ondulan

como arena blanca.

 

Tu cuerpo se mece

en acuático frenesí.

 

Ven,  amor.

La pleamar está aquí.

 

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-Fuego-

 

Arde el cielo en azufre.

Arde el corazón de hielo.

Montañas altas de aire

propagan el fuego.

 

Arde el sudor.

Arde la noche en las sienes.

Arde la boca entera.

 

Amor,

todo mi yo…

se quema.

 

 

Mayo-Junio 2008.

June 24

Luz

 
TEXTO
 
 
 
 
Cuando te imagino,
me doy cuenta de la imperfección de mis manos;
de estas manos que sueñan
con acariciar tu luz...
 
 
 
Junio 2008
 
 
 
 
 
June 22

El viajero

 
"- Vamos, prueba a decirlo… verás como no se te cae nada al suelo. Lo puedes comprobar cuando acabes de hablar. Estará todo en su sitio… -le puse la mano sobre los botones de la abertura del pantalón.- Seguirá aquí…
 

                Sonrió. Como si tuviese miedo.

-  Cuando una persona estima a otra, se lo dice y la trata bien, se preocupa por ella. El amor no lo resiste todo, no es una forma de hacer putadas a otra persona hasta ver lo que aguanta. El cariño requiere mimos, dulzura, expresión. Para amar, hay que aprender. La fuerza del amor es infinita. Es lo único que nos salva. Y el amor requiere de cuidados. Cuidados constantes, como un enfermo en la UVI. Y hasta puede morir si no se le proporcionan esas atenciones.

                Frunció el ceño. Era como hacer comprender a un niño de dos años por qué tiene que lavarse las manos antes de comer.

- Estoy de acuerdo en que si una persona no te ama como tú quieres, no significa que no te ame con toda su alma. Cada quien tenemos una forma de amar diferente – dije.- Yo lo tengo claro. No has tenido un modelo apropiado que te enseñara la fuerza del contacto físico y de la forma más pura de expresión del afecto: la caricia. Y no me refiero a las caricias físicas solamente, también a las palabras de cariño.

- Pues ya está. Yo no necesito esa expresión que tú buscas. Ya sabes que esto no me va. No es mi estilo.

- No tiene valor si tú no quieres hacerlo. Algún día descubrirás que lo que nos hace felices es dar. No pienses que quiero cambiarte. Quiero que conozcas también esa parte. Equilibrar esa energía yan que tienes. No por ello dejarás de ser quien eres. Sólo entrarás en otra dimensión, en otro punto de vista diferente del tuyo. No cierres tu mente.

- Tonterías.

- No. De esas tonterías depende tu bienestar emocional, tu desarrollo completo como persona.

- Tú sabes que estoy a gusto contigo. Si no lo estuviera, no estaría aquí.

- Ya lo sé.

- Entonces… ¿qué más quieres?

- Pues… simplemente saber que incluso en el hielo hay vida. Y que esa vida, aunque microscópica, es capaz de percibir las emociones y expresarlas adecuadamente para que no se enquisten y provoquen una alteración de su propia energía vital. Intento que tú mismo te complementes y equilibres, para que no busques en mí algo que tienes dentro de ti mismo. Si estás, quiero que sea porque quieres compartir tus cosas conmigo, porque sientes. Y te estoy enseñando la manera de cuidar eso que sientes, para que lo sientas siempre y con más fuerza cada vez.

- Chorradas. La mayoría de parejas acaban mal. ¿De qué sirve todo esto? No sirve para nada. El amor es un gran estorbo en la vida. Haces cosas que en el fondo no quieres hacer. Te atonta. Yo no quiero atontarme. Mi independencia y mi racionalidad por encima de ninguna otra cosa.

- Es curioso. Sacrificas tu humanidad por seguir tus principios. Parece que estrecharas tu mente como un túnel. Yo sólo te digo que el amor nos abre los ojos a otro mundo. Un mundo que merece la pena descubrir. Es como sumergirse y mirar a través de unas gafas de buceo. Todo son sensaciones. Ves a los seres transparentes como medusas, con ojos diferentes a los acostumbrados. Sientes que todo es tan denso… de pronto, necesitas respirar, salir a la superficie, al aire. Dejar los pulmones jadear en libertad. Lo ideal es bucear por tiempo limitado y volver a pisar tierra firme. Así, tienes lo mejor de ambos. Elegir en qué mundo estar cada vez, y conocer los dos. Saber estar en los dos, descubrir cada uno de ellos hasta el más mínimo detalle con curiosidad de viajero. Somos viajeros, viajeros por todos los mundos posibles."

 

Junio  2008.

June 20

Café solo, café bombón o sobre qué hablan las mujeres

 
"Trajo los cafés. Un solo y un bombón descafeinado.
 

-Los hombres esperan que te comportes como una dama en el salón de tu casa  delante de los demás, pero en la intimidad de la cocina prefieren un putón verbenero…- lo dijo con una seguridad que me dejó confusa.

-Creí que les gustaban las “buenas mujeres”…

-Has de saber estar en cada situación. Delante de los demás eres una mujer abnegada, compañera, equilibrada, sin brillar más que ellos… pero luego, cuando estéis solos, cambia el chip y a meterle mano sin pudor alguno. Con las buenas mujeres que actúan siempre como buenas mujeres son con las que se casan pero no son felices. Con las que son felices son con aquellas que cuando los miran  les hacen creer que son los Masters del Universo y sienten un escalofrío por la espalda… a todos les gusta una mujer decidida y un poco rebelde… ¿o es que acaso a ti no te gustan los que tienen pinta de ser unos hijos de puta? Está en los genes. Nos acabamos casando con los “buenos”, pero en el fondo nos gustan los “niños malos” por la carga masculina y erótica que contienen y a ellos les pasa igual con las mujeres.

-A mí las figuras de porcelana de dos metros por uno  con la barriga plana no me dicen nada. Prefiero un hombre poco guapo, que son los que dan luego la sorpresa. Un tío guapo sabe que es atractivo y gusta, y no se esfuerza mucho por conquistarte. Te mira con los ojos de “mírame, soy un machoman que te cagas… adórame” pero un hombre poco atractivo sabe que debe batallar  todos los días si quiere conquistar a una mujer. No vale enseñar las tabletas de chocolate ni un culito perfecto, o mirar con unos ojos tremendamente masculinos… tiene que usar el cerebro.

-Pues no creas… cuanto menos pinta de lobo tenga el lobo, más ovejas podrá comer, piénsalo. Y además, todo dios tiene algo que lo hace atractivo. Puede que tenga una nariz horrorosa de Cyrano, pero resulta que luego sabe cocinar una sopa lituana que enamora… o que sea más bajo que tú y más delgado que el palo de una escoba, pero cuando te llama por teléfono te recita a Neruda y su “me gustas cuando callas porque estás como ausente”…

-Creo que tendré que poner al día mi block de notas sobre los hombres. Me encuentro tremendamente anticuada: sigo buscando al hombre perfecto. Alguien físicamente atractivo a mis ojos (que no tiene por qué serlo a los ojos de los demás), inteligente... en fin, podría enumerar quinientas cualidades. Aunque en el fondo soy poco exigente: quiero a alguien que me abrace por la noche, alguien con quien tenga sexo dos veces por semana como mínimo y alguien con quien compartir mis aficiones, que son muchas. No me aburriría con nadie. Me gustan demasiadas cosas como para no tener algo que hacer. Y baso todo el enamoramiento en conocer a la otra persona. Saber qué le gusta para ver si podría encajar en lo que me gusta a mí para compartir actividades.