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CUADERNOS DE VIAJEEscribir es palpar la soledad del viaje y del propio viajero
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August 24 El uno y el dos
"Estaban sentados los dos juntos en el lecho del dragón negro. -Fíjate, pequeña mariquita mía, en el hombre que es capaz de aguantar su soledad. Desconfía del que busca la compañía de alguien siempre. Aquel que permanece quieto consigo mismo, es el más feliz de los hombres. Y el más fuerte. Los fantasmas interiores corroen al hombre. Sólo el que es capaz de permanecer con ellos en una convivencia pacífica ha vencido su condición humana. -Maestro de los ojos serenos, la soledad se elige cuando tenemos miedo de que alguien nos ame por la responsabilidad que ello implica, por su parte y por la nuestra, o simplemente porque nuestros errores pesan demasiado y no creemos en la redención. Nos miramos por dentro y nos vemos tan poco merecedores de amor que nos auto-castigamos a estar solos. Y nuestro yo más perverso disfruta con ello. -Esta vida solitaria se elige en un perfecto acto de sano egoísmo, pequeña mariquita. -El egoísmo puede matar, Maestro de los ojos serenos. Tiene unos dientes afilados que desangran el corazón poco a poco y lo resecan. -Pequeña mariquita mía, nadie ha de darnos valor. Por nosotros mismos valemos un mundo. El hecho de que sea otra persona quien te otorgue valor ya implica una mísera condición de sí mismo. -La mísera condición de sí mismo es creer que no se es digno de que otra persona nos ame y nos dedique su tiempo. No es el valor individual lo que prima, sino el valor de lo que construyen dos personas juntas. Del uno pasamos al dos. Es evidente que primero es el uno. Sin embargo para que haya uno, debe existir el dos. -Pequeña mariquita mía, tu postura demuestra sobradamente el equilibrio entre el yin y el yang. Esa humanidad tuya contrasta con mi deshumanización. Los apegos nos matan. Igual que nos matan los desapegos. -Maestro de los ojos serenos sé sobradamente que esta diferencia, lejos de separarnos, es la que nos une. Ese equilibrio es nuestro punto de encuentro".
Agosto 2008. August 19 Perro sin amo
Tus ojos me miran y no me ven. Me hablas y tus labios piensan que no hablas. Así, así, me siento. Como perro apaleado.
Aquí me tienes. Sin corazón en el pecho. Lo has arrancado. Lo sabes bien.
Sonríes. Perversa. Estoy en la calle mirando la luna. Sin fuerzas para ladrar. Como perro apaleado.
Juguete de tus manos y de tu risa. Perro sin amo.
Julio 2008 July 25 Porqué la química funciona siempre“- Si quieres hacerle pupa, envíale esta canción camuflada como bolero inofensivo…- me dijo Javier cuando acabé de contarle mi problema.- Le cambias el nombre, se lo envías y… voilá, le harás pupita. Mira, suena tal que así. Y comenzaron los acordes de Rata de dos patas. A los treinta segundos estaba riéndome a carcajadas. - ¡Qué cruel me parece esto! ¡Es demasiado cruel! Es que mi forma de actuar no es esa. Paquita la del Barrio será muy buena dama, temperamental y todo lo que quieras, pero no es mi modo de hacer las cosas. Soy más emocional, más íntima, con más estilo. Creo que me pondré a escribir algo. A los cinco minutos ya había creado el texto.
No rozaré ni un solo poro de tu piel no seré nada para ti pero cuando te mire sabrás sin equivocarte el momento exacto en el que estaré haciéndote el amor.
- Es contundente, pero el hielo no se funde con el calor. Y con ese calor menos todavía -rió entre dientes.- Si hay demasiado calor se evapora. Soy ingeniero químico y sé de lo que te hablo. -¿No me digas? Javier, siempre había entendido que el hielo se derrite con el calor… -Una temperatura elevada hace que el hielo se funda, sí, pero también hace que se evapore en igual medida. Y en estado gaseoso, las cosas casi desaparecen. Lo mejor para el hielo es sal. -¿Sal? La sal escuece en las heridas. -Mejor. Así las cura. Pues eso: sal. Lo miré de hito en hito. -Mira: todo está en las moléculas. El agua se empaqueta de una manera muy ordenada al congelarse, este orden obliga a expulsar todo tipo de sales de su red cristalina, por tanto, el hielo no tiene sales, así que si añadimos grandes cantidades de sal al hielo, lo obligamos a gastar energía en separar la sal de su estructura de agua. Esta obligación se transforma en la necesidad de un mayor frío para que sea estable la estructura sólida del hielo, por lo que favorecemos la fusión de éste rápidamente. -Joder con la química de las narices. Debí haber prestado atención en el instituto en clase en vez de mirarle el culo a Pepa cuando escribía en la pizarra… Y sonriendo me besó en la frente y dijo: -Ya lo sabes. Ya sabes lo que hacer. Sal. Sal de su camino.
(Porque el humor nos salva)
Julio 2008.
July 23 Tratados de desamor Nada que dar
"Sé que moriré si no me voy de su lado, si no me aparto de su camino.
Yo lo acaricio con ternura en un último acto de esperanza y él huye como si me abandonara hacia espacios infinitos que no conozco. Hay tanto de él que no sé, tantas cosas que no me dice, que mis ojos se cansan de buscar las palabras oportunas en mitad de esta incertidumbre y a la vez certidumbre que nos separa. Sus muros son tan altos y fuertes que desistí de atravesarlos y construí los míos para tratarlo con indiferencia, para que sus ojos carentes de emoción alguna no me hicieran daño. Estos muros de piel me protegen de él en cierta forma, y me encierran cada vez más en mi lejano mundo secreto que no conoce. No me dejó la llave de su corazón, como le pedí, sólo me abrió la puerta de su frío interior, de este frío temible que paraliza por momentos los latidos de mi vida. Quizá soy la que menos merece este trato cruel, pero eso no importa. A sus ojos las cosas son diferentes. No hay nada a este lado del muro, no hay existencia más allá de sus propios designios, de su propia vanidad. No entiende la música que habita mi espíritu, ni el sonido ahogado de las cuerdas vocales de mi tristeza intentando fundir amorosamente ese hielo azul que protege su corazón. Nunca quiso entenderme en todo este tiempo y duele aceptar que siga siendo así. Ni siquiera cuando lo desnudo labio a labio con las manos, apenas rozando su piel y busco encajar mi cuerpo en el suyo, está a mi lado. Vuela lejos, como las aves migratorias, y no puedo alcanzarlo. De nada sirven mi boca en su boca, ni el vaivén, ni mi calor sobre la piel de su pecho. Su cuerpo es inmutable como una máquina cruel diseñada para matar corazones enfrentándoles a su vacío; no es más que un rudo autómata envuelto en la pasión humana. Su lado más oscuro tiene un brillo sutil de mentiras y secretos que no he descifrado aún a pesar de que me rompen lentamente en mil pedazos. Y no hablo. Callo, deliberadamente, dejándome llevar en este frenesí que no tiene una estación esperando para bajar, ni un destino cierto que seguir más que el de la propia extinción de la combustión del deseo. La piedra –pienso- es infranqueable. Él cerró sus puertas hace tiempo, y yo quedé al otro lado, esperando no sé qué resquicio imposible por donde mi calor pueda atravesar su fortaleza pétrea. Pero ya he desistido, este es el último estertor de esta fiebre. Y esta noche, después de despedirnos, volverá a casa como siempre. Sin ser de nadie. Porque la piedra no sabe dar, no tiene nada que dar."
Agujeros negros
“Ojalá y tuviera más para darte, pero se me ha agotado todo. No queda nada en mí. Es la época de la muerte para dar paso a una nueva vida. Todo debe morir para renovarse, en un ciclo eterno. Ya no me valen tus sonrisas, ni tus gestos, ni tus ojos enigmáticos y eléctricos mirándome. Se me queda corto el cuerpo para demostrar, y no sé ir más allá. Aún tengo el espíritu formándose, es de un uso efímero y todavía no ha aprendido bien a volar. Ni siquiera me pertenece del todo, así que no puedo pedirle que te diga que te amo, porque ni yo mismo lo sé.
El vacío ha llegado sin darme cuenta. Sigiloso y nocturno, ha ido corroyendo tu recuerdo, lo poco que tenía de ti; ha sido despacio, tan despacio como se amarillea una foto antigua, sin saber qué día comenzó o en qué momento terminó, pero que le da un aspecto ajado y roto. El amor es efímero, es arena entre los dedos. La intentas atesorar, que no se escape, pero no sabes bien por dónde comienza a filtrarse, a escurrirse, hasta que te miras la mano y la ves vacía, sólo queda el rastro dorado y grumoso que indica que una vez hubo arena ahí.
El cielo sabe que no puedo explicarte lo que siento. No te has ido tú, me he ido yo. Cada vez más lejos, cada vez más lejos, hasta verte como un punto mínimo del espacio. Es lo que tiene la lejanía. Ves a las cosas cada vez más insignificantes, tremendamente parecidas a otras que ya conoces. Y dejas de darle importancia. No importa si una estrella no brilla una noche, si desaparece, hay millones de otras estrellas que hacen que la noche brille. Pero tú no entiendes esto. Yo tampoco. Sé que ocurre. Lo que antes parecía inmenso ahora es una pequeña gota en el mar. Aquella estrella tan importante, ahora es un agujero negro en el cielo.”
Mayo-Junio-Julio 2008.
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